Labubu y Pop Mart: ¿moda o burbuja?
TL;DR
- Labubu, el muñeco de orejas puntiagudas de Pop Mart, fue una de las locuras de consumo más rápidas de la última década: sus ventas se multiplicaron por más de 8 en un año.
- Aun así, la acción de Pop Mart ha caído más de un 50 % desde su máximo. La empresa no está en quiebra: sigue vendiendo más que el año anterior.
- La clave: Labubu no ha dejado de gustar, ha dejado de ser escaso. Fuera de China las ventas caen; dentro, siguen creciendo.
- La lección para cualquier moda: ¿lo compro porque me gusta o porque alguien me lo comprará más caro? Si es lo segundo, no estás comprando, estás apostando.
Labubu y Pop Mart: ¿moda o burbuja?
Un muñeco de orejas puntiagudas y una sonrisa llena de dientes ha sido una de las locuras de consumo más rápidas que he visto en la última década. Y todo empezó con una foto: Lisa, de Blackpink, apareció con uno colgado del bolso. A partir de ahí, se desató la locura. Rihanna, Dua Lipa, colas en las tiendas.
En un solo año, las ventas de Labubu se multiplicaron por más de ocho. La empresa que lo vende, Pop Mart, se convirtió en una de las estrellas de la bolsa de Hong Kong, y su fundador, en uno de los hombres más ricos de China.
Hasta que todo se dio la vuelta. La acción ha perdido más de la mitad de su valor desde su máximo, y el fundador ha visto evaporarse miles de millones de su fortuna.
Y aquí está lo raro: la empresa no está en quiebra. Sigue vendiendo más que el año pasado y sigue ganando dinero. Entonces, ¿qué ha pasado? Te adelanto la respuesta, porque es la clave de todo: Labubu no ha dejado de gustar. Ha dejado de ser escaso.
En este artículo te cuento tres cosas: cómo se fabrica una moda (porque esto no fue suerte), por qué una empresa puede crecer mientras su acción se hunde, y cómo detectar una burbuja antes de que te explote en la cara, con una sola pregunta que sirve para cualquier moda: un muñeco, unas cartas o una criptomoneda.
Soy Alejandro Rosales, inversor y divulgador financiero.
Aviso: no soy asesor financiero. Esto no es una recomendación de comprar ni vender acciones de Pop Mart (ni muñecos). Es el análisis de una historia que me dio curiosidad.
Quién creó a Labubu (no fue Pop Mart)
Primera sorpresa: Labubu no lo inventó Pop Mart. Lo creó un artista llamado Kasing Lung, nacido en Hong Kong pero criado en Utrecht, en los Países Bajos. Por eso su universo no se inspira en la estética china, sino en los cuentos europeos y la mitología nórdica: duendes, monstruitos y bosques.
En 2015 dibujó una familia de criaturas, The Monsters, para unas novelas gráficas. Entre ellas, una con orejas puntiagudas y dientes afilados: Labubu. Durante años fue un personaje de nicho, solo para coleccionistas.
La otra mitad de la historia es Pop Mart. La fundó en 2010 Wang Ning, con 23 años y recién salido de estudiar publicidad. Montó una tienda en Pekín donde vendía un poco de todo: regalos, cómics, accesorios para el móvil. Y el negocio no despegaba, hasta que se fijó en un detalle: lo que más se vendía eran los juguetes de diseñador.
Así que apostó todo a eso y le añadió un ingrediente secreto: las blind box.
La blind box: una máquina de apostar con forma de juguete
¿Cómo funciona una blind box? Compras una caja cerrada y no sabes qué figura hay dentro. Puede salirte la que querías o una que ya tienes. Y en cada colección hay una figura secreta rarísima: sale una de cada 72 cajas, y en algunas series una de cada 144.
¿Qué hace la gente cuando le sale repetida? Compra otra. Funciona igual que una máquina de apostar: no sabes qué te va a tocar, y esa emoción es la que te mantiene comprando.
En 2019, Pop Mart firmó una licencia exclusiva con Labubu. En 2023 sacó la versión que lo cambió todo: un llavero de peluche para colgar del bolso. De repente, un juguete se podía enseñar por la calle.
La lección: Pop Mart no inventó un muñeco. Inventó una máquina de hacer las cosas escasas. Y cuando lo escaso se puede llevar colgado del bolso, deja de ser un juguete y se convierte en un símbolo de estatus.
La foto que lo cambió todo: famosos y reventa
Entonces llegó la foto. En abril de 2024, Lisa, de Blackpink, una estrella del K-pop con decenas de millones de seguidores, empezó a enseñar sus Labubu en redes y apareció con uno colgado del bolso. Detrás llegaron Rihanna, Dua Lipa, Hailey Bieber, incluso Tom Brady.
Un muñeco de unos 20 dólares empezó a verse colgado de bolsos de miles de dólares. Y cuando un objeto barato aparece junto al lujo, deja de ser un juguete y se convierte en una señal muy poderosa: esto está de moda.
Con la señal llegó la reventa. Una figura que costaba entre 18 y 30 dólares en tienda se revendía por cientos de dólares, y las raras o exclusivas, por miles. Abrir una blind box era como rascar un boleto de lotería.
Y aquí está la clave de lo que pasó después: mucha gente ya no compraba Labubu porque le gustara, sino porque esperaba que otro se lo comprara más caro.
Para Pop Mart fue una lluvia de dinero: en un año sus ingresos casi se triplicaron, la empresa se convirtió en una de las estrellas de la bolsa de Hong Kong y su fundador entró en la lista de los más ricos de China. Pero dentro de esos números había un detalle que poca gente miraba: la familia Labubu pasó de menos de una cuarta parte de los ingresos a casi el 40 %. Pop Mart tenía decenas de personajes, pero cada vez dependía más de uno solo.
En el momento en que algo se compra para revenderlo, ya no es un juguete ni un capricho: es una apuesta. Y las apuestas funcionan muy bien… hasta que alguien deja de comprar y nadie quiere el stock que tienes guardado.
Mejores resultados de su historia… y la acción se hunde
Hace unos meses, Pop Mart presentó los mejores resultados de su historia: ventas casi triplicadas, beneficios disparados, un boletín de notas perfecto. ¿Y qué hizo la acción ese día? Llegó a caer más de un 20 % en una sola sesión.
¿Cómo puede ser? Porque en bolsa no se paga por lo que ganas hoy, sino por lo que se espera que ganes mañana. Y el mercado vio dos cosas que no le gustaron: que la empresa dependía cada vez más de un solo muñeco, y que la previsión de crecimiento era menor de lo esperado.
Lo verdaderamente preocupante llegó en verano, con los resultados del primer semestre:
- Fuera de China, las ventas cayeron un 11 %, la primera vez que la empresa da esa cifra.
- En América, la peor región, cayeron un 16,5 %… pese a haber abierto más del doble de tiendas. Más tiendas y menos ventas: eso ya no es un problema para llegar al cliente, es que el cliente ha perdido la euforia.
- La familia Labubu vendió un 7,5 % menos, su primera caída. Y el fundador lo admitió: este año, muy probablemente, no alcanzarán su objetivo de crecimiento.
Ahora, ojo al matiz que casi todos los titulares cuentan mal: Pop Mart no se está hundiendo. En ese mismo semestre, sus ventas totales crecieron un 24 % y sigue ganando dinero. ¿Cómo? Porque en China va como un tiro: +47 %. Dentro de China la fiebre sigue; fuera, se ha enfriado.
Una empresa puede seguir creciendo y su acción hundirse a la vez, igual que le pasó a On, la marca de Federer. Lo primero que se desinfla no son las ventas: es el entusiasmo.
El patrón de siempre: Beanie Babies, Tamagotchi… y Labubu
Lo que está pasando con Labubu no es nuevo. Ya pasó con los Beanie Babies, aquellos peluches de los 90 que la gente coleccionaba como si fueran una inversión. Y con los Tamagotchi, y con las cartas Pokémon. Casi siempre siguen los mismos pasos:
- Escasez: algo se vuelve difícil de conseguir.
- Famosos: alguien conocido lo muestra y se convierte en símbolo de estatus.
- Reventa: la gente compra para revender.
- Más oferta: para aprovechar la fiebre se fabrica más, se abren más tiendas, salen más colecciones… y más copias falsas.
Ahí está la trampa: el símbolo de estatus solo funciona mientras poca gente lo tiene. Cuando todo el mundo lo tiene, deja de distinguir, la reventa se hunde, se rompe la ilusión de que “esto es una inversión” y con ella buena parte de la demanda. Es la otra cara de la escasez controlada de un Rolex: allí la marca cuida que nunca haya de sobra.
¿Recuerdas el caso de Hyrox y el deporte como nuevo lujo? Allí el lujo se movía hacia algo que no se puede comprar: terminar una carrera y tener buena salud. Labubu es justo lo contrario: un estatus que se compra por 20 dólares y caduca muy rápido.
Mi opinión: la pregunta que vale para cualquier moda
Pop Mart no está muerta, ni mucho menos. En China sigue creciendo con fuerza y ya tiene otro personaje, Twinkle Twinkle, cuyas ventas se han multiplicado casi por siete; puede que encuentre el relevo, aunque de momento no compensa. ¿Es su acción una oportunidad? No lo sé. Y quien te diga hoy que lo es con seguridad, te está mintiendo.
Pero la lección sí está clarísima: un coleccionable no es una inversión. Su precio depende de una sola cosa: que siga de moda.
Así que antes de comprar cualquier cosa que esté de moda, vivas en Madrid, Ciudad de México, Bogotá o Buenos Aires, hazte una sola pregunta:
¿Lo estoy comprando porque me gusta, o porque creo que alguien me lo va a comprar más caro?
Si es lo primero, felicidades: disfrútalo. Si es lo segundo, no estás comprando algo. Estás apostando.
Preguntas frecuentes
¿Quién creó a Labubu?
El artista Kasing Lung, nacido en Hong Kong y criado en los Países Bajos. Lo dibujó en 2015 dentro de una familia de criaturas inspiradas en cuentos europeos y mitología nórdica. Pop Mart firmó en 2019 una licencia exclusiva para comercializarlo.
¿Qué es una blind box?
Una caja cerrada con una figura sorpresa dentro: no sabes cuál te toca hasta abrirla. Cada colección incluye una figura secreta muy rara (por ejemplo, una de cada 72 o 144 cajas), lo que empuja a seguir comprando, con una mecánica parecida a la de una máquina de apuestas.
¿Por qué cae la acción de Pop Mart si sigue vendiendo más?
Porque la bolsa paga por las expectativas, no por el presente. El mercado ve una empresa muy dependiente de Labubu, con ventas que caen fuera de China (−11 %, y −16,5 % en América pese a duplicar tiendas), aunque en el total sigan creciendo gracias a China (+47 %).
¿Es Labubu una buena inversión?
Un coleccionable no es una inversión: su precio depende de que siga de moda. Si lo compras porque te gusta, perfecto; si lo compras esperando revenderlo más caro, estás apostando. Esto no es una recomendación de comprar ni vender.
Conclusión
Esta es la historia de Labubu: un artista que dibujaba monstruitos, una tienda que no despegaba, una blind box y una foto que lo cambió todo. Y una lección que vale para cualquier moda: lo que todo el mundo tiene deja de valer.
Labubu no dejó de gustar: dejó de ser escaso. Y el día que lo escaso se vuelve normal, la fiesta se acaba para quien lo compró para revenderlo más caro.
¿Y tú?
Labubu, ¿moda pasajera o ha llegado para quedarse? Dímelo en los comentarios. Leo todos, y de los mejores salen los próximos análisis del canal.


